martes, 15 de mayo de 2018

Cuando ya no queda nada

¿Cómo se hace uno responsable de su nada?
La sociedad de lo imperturbable yace dormida (o quizá muerta) desde hace años. Tal vez por eso ya no nos sorprende ver muertos tras la pantalla y son sólo un recurso mediático para ganar audiencia. Sin embargo, creo que, a pesar del mundo del mañana lleno de efímeros, de pasatiempos, de "ahora sí, pero luego, ya no sé", permanece lo inmutable.

Siento que sólo la muerte es estable, que no puede cambiar de estado o posición. Y, aún así, también la muerte parece pasajera en estos tiempos. Entonces, ¿qué sucede cuando no sucede nada?
Parece una falacia, y quizá lo sea, decir que no pasa nada en un mundo en movimiento continuo. Porque puede que hasta la nada se convierta en algo cuando la nombramos. Pero a veces, más a menudo de lo que pueda creerse, no pasa nada.

Se emborronan las líneas escritas hace décadas y los recuerdos se desvanecen como si el presente hubiera decidido que el pasado "ya no existe". ¿Hasta qué punto desaparece algo cuando dejas de nombrarlo? Las causas de una herida pueden ser claves en los sucesos que la siguen. Así, el pasado continúa formando parte de presente aunque no se dé de manera inmediata. Y continúa inmutable en su mutabilidad de consecuencia respecto al hoy, al ahora.

No pasa nada. Pero hasta cuando nada pasa, ocurre algo. ¿Cuáles son, pues, las consecuencias de la nada?

Quizá algún día sepamos comprender el silencio e impasibles, sostengamos nuestra nada eterna.

lunes, 9 de abril de 2018

Monstruos de papel y miedo

¿Y si resulta que el monstruo no es el malo,
que la única mala es la suerte que le ha tocado por vida?
Quizá lo llamamos monstruo por desconocido;
quizá ni siquiera esté vivo,
y sea nuestro reflejo en forma de llanto.

Creo que soy un monstruo, aunque no lo sé.
Todos los que he conocido están dentro de mí.
Quizá sólo sea un cuerpo con forma de monstruo
atrapado entre las rejas de un niño de piel humana.

Tal vez sólo sea reflejo de juguetes rotos,
de niños que juegan a ser libres,
de hombres que juegan a ser dios.
De un dios, que ya no existe.

Vamos a jugar a ser aire,
quizá así nos una algo más que las sombras.
Que el terror de la noche oscura,
de la noche en llamas,
de la vida en llantos.

Vamos a jugar a ser dos desconocidos,
reencontrándose en las calles de un puzle hecho piezas.

Vamos a jugar a ser niños
muertos o vivos,
eternos
desconocidos.

Monstruos de papel y miedo.

jueves, 1 de febrero de 2018

Exilio

Por una rosa habría entregado tu alma al diablo
para cambiarme de espinas.
Para pintar con mi sangre en paredes cubiertas de escarcha.
Y me habría envuelto entre minas gastadas
para acabar con tu guerra,
que no era tuya.

Por una rosa de plástico sacada de tierras lejanas,
dónde la risa es el sol y el viento cubre tus alas de nieve.
Por una rosa,
fantasma de tus monstruos,
yaces muerta,
aunque respiras,
y no estás.

Que ni en su torre, Segismundo,
vaga tan solo
con sus lamentos.

Que ni la luna de sangre
siente tus penas
sin sus abrazos.

Pero tú,
tú siempre has sido tuya,
y ese, cariño,
es el pecado más grande en un mundo de hombres.

Que tú nunca has sido rosa,
aunque solías doler en mi pecho.

Y duermo pensando si es posible soñar en tus manos,
si es posible creer en tus ojos
de voz violeta.

Duermo esperando una rosa que ya no respira en tu pecho,
y mañana, buscaré de nuevo,
por si quedara una espina entre tus piernas de acero.

Duermo,
aunque no descanso.

Duelo,
de la niña que fue amapolas
y ahora es viento en todas partes,
en ningún caso,
sin sus recuerdos.

viernes, 20 de octubre de 2017

¿Sabes?

Sabes a café por la mañana un día de lluvia;
de esos que apetece manta y peli
(pero a tu lado).

Sabes a un trayecto interminable
de palabras
que ruedan por tu boca hasta llegar a mi ombligo.

Sabes a recuerdos de limón
y a lágrimas de fresa.

Sabes a cisne enjaulado en una celda de cristal
que vive su última cena como si fuera un niño.

Sabes a bambú en medio del bosque, libre, móvil, verde vida.
Sabes a vida.

Y tu rostro me recuerda a un mar aséptico
hasta que doy con tus ojos, y descubro, anonadada,
que hay tormenta en tu interior.

Sabes a luciérnaga.
A luz que ilumina, que no quema,
que ilumina tus caricias,
que atraviesa mis palabras por cada rendija que dejo abierta.

Sabes a luminiscencia.
Sabes a luz.

¿Pero sabes?
Todo eso lo recuerdo, no lo sé.

Creo que he sentido el perdido del gusto.


Coup de folie

Passent les années
Coup à coup.
Coup de folie.
Folie qui casse les paroles
et hurle le vent.

Et toi
qui ris comme un jeun vieilli;
qui pleures comme un vieux souvenir enfantin.
Deviens réminiscence.

Et l'oubli ébranle tes entrailles,
pleines d'eau,
pleines de rien,
inertes.

Inhérent au son de la mer frappante.
Inconscient du mal qui t’attrape.

Coup à coup.
Coup fou.

Coup de folie.

La nature me parle de toi

La nature me parle de tes yeux verts
et tes cheveux du soleil.

Elle me dit que ton esprit s'envole avec le vent
et ton corps reste avec les animaux sauvages.

Elle me parle de ton cœur,
et quand tu ris
elle ne peut faire autre chose
que se rendre à tes pieds.

Elle me parle,
et alors, je comprend que la nature
me parle

de toi.

La chica de los ojos grises

Tenía los ojos del color de las cenizas
(puede que en su interior no dejara de arder).

Era fuego y tormenta al mismo tiempo;
un corazón inquieto,
un alma pura
(y rota).

Las voces le decían que todo estaba bien,
pero Troya tampoco esperaba su derrota.

Y cayó.
Como un acantilado de palabras sin avisó.
Calló.

Como un paracaídas corroído por el sol.
Como cae la lluvia,
muda.
Pero como lluvia,
inquieta.

Tenía los ojos del color de las cenizas,

reflejo de su interior que no dejaba de arder.